Por Qué Dios Nos Humilla

In Mensajes by David A. BarlockLeave a Comment

Deuteronomio 8:2-3
2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.

En mis momentos difíciles, cuando no puedo explicar por qué las cosas se están derrumbando, cuando no existe ninguna explicación para los malentendidos con otros, o por qué las pérdidas en la vida parecen mayores que las ganancias; sólo puedo concluir que Dios está usando esas circunstancias para humillarme. NECESITO SER HUMILLADO y no hay manera de que me libere de ese proceso. No existe una medida de sacrificio personal, santidad, bondad o negación propia que pueda exonerarme de la intervención del Espíritu Santo, quien ha sido enviado a lidiar con los pensamientos e intenciones de mi corazón.

Eso puede sonarle negativo a alguien que extrae de las referencias bíblicas que conciernen a la bendición y la prosperidad para convertirlas en el punto focal de su fe. Algunos se han engañado a sí mismos al creer que el único propósito de Dios es prodigar Sus riquezas sobre ellos en esta vida y más aún en el cielo. Una persona espiritual sabe que el Espíritu Santo siempre está dirigiendo nuestra vista y nuestros deseos hacia el cielo y no a las cosas materiales de este mundo. Por supuesto que Dios nos da cosas para disfrutar a lo largo del camino, pero si el materialismo se convierte en nuestra meta, hemos perdido el verdadero propósito de Cristo.

No tenemos la capacidad de llegar a la madurez y la estatura de la llenura de Cristo sin que Dios forme Su carácter en nuestras vidas. He encontrado que, después que he hecho todo lo que puedo para agradarle, ¡lo que haga por mis propias fuerzas es, a lo sumo, un acto de orgullo sutil que termina excluyéndome de aquello mismo que comencé a hacer!

En los versículos que he usado como mi texto para este mensaje, vemos que Dios humilló a Su pueblo con dos cosas que permanecieron con ellos diariamente: 1) la experiencia en el desierto y, 2) el maná que comían cada día. Imaginemos por un momento cómo sería sentir el calor del desierto por el día y la helada por la noche. El viaje siempre tenía el mismo escenario, el agua siempre escaseaba y tenían la misma dieta diaria de maná – ¡todo esto durante cuarenta años! No era que Dios quería hacer que sus vidas fueran miserables, sino que era porque Él QUERÍA humillarles, en primer lugar para revelar lo que había en sus corazones y, en segundo lugar, para enseñarles a depender de Él.

La mayoría de nosotros sabemos esconder nuestros verdaderos sentimientos. Sabemos cómo decir las cosas correctas, aun cuando sintamos lo opuesto. La hipocresía que a veces vemos expuesta en los líderes de la iglesia muchas veces se debe a que, aunque actúan apropiadamente en público, viven de otra manera en privado. Las personas pueden llegar a ser maestros del encubrimiento, pero no delante de Dios. Él ve cada pensamiento escondido e intención del corazón. Cuando nos humilla mediante problemas o la falta de aquello a lo cual estamos acostumbrados, nos volvemos a Él.

Sí, Dios todavía utiliza el equivalente espiritual de “desiertos” y “maná” para probar el corazón de aquellos que proclaman tener fe en Cristo. Él utiliza experiencias fatigosas, monótonas, secas y aburridas para sacar nuestro verdadero ser con sus deseos y quejas. He visto personas que se aburren en grandes iglesias en las cuales escuchan palabra ungida todos los domingos. Nos cansamos del mismo trabajo, la misma iglesia, la misma rutina y hasta el mismo cónyuge, porque nos gusta la variedad, la emoción y el ánimo. ¡Dios cercó al pueblo de Israel en el desierto y les dio maná por un motivo! No era para hacerles sentir incómodos o hacer que pasaran hambre, sino para hacer que ellos se dieran cuenta de cuánto dependían de Él para sus necesidades básicas.

¿Por qué nos humilla Él? Porque tenemos la tendencia de flotar hacia la independencia, olvidándonos que somos SUS siervos, que somos parte de SU creación y que fuimos hechos para SU deleite.

Filipenses 2:13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Necesitamos que se nos recuerde constantemente que fuimos creados para un propósito divino y no por casualidad. El universo y todo lo que este contiene está hecho por un diseño predeterminado, el cual fue terminado antes de que el mundo comenzara.

Los Salmos declaran que fuimos creados por Dios como un pueblo para Él mismo, y nos compara a todos nosotros como ovejas en Su prado.

Salmos 100:3
Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.

Jesús hizo que esta analogía estuviera más clara aún en Juan capítulo 10:

Juan 10:14-16
14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Como ovejas, necesitamos cuido constante, protección y guianza. Somos incapaces de defendernos nosotros mismos de las fuerzas del mal que nos asedian constantemente. Además de eso, vivir una vida que es totalmente de Su agrado es algo completamente fuera de nuestro alcance, a menos que nos paremos en Su GRACIA.

La verdadera gracia solamente puede habitar en las vidas de aquellos que se dan cuenta de que dependen totalmente de Dios. Su favor no puede ser ganado, solamente podemos estar agradecidos y no pisotearlo por nuestra propia rebelión y manera de vida egocéntrica. El verdadero gozo de Sus bendiciones llega a nuestras vidas cuando nos damos cuenta de que son un regalo de amor y no algo que se nos deba por nuestra propia bondad.

Salmos 103:14
En Su amor, Dios constantemente obra en medio de nuestras circunstancias para recordarnos que somos solamente polvo.

Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

A lo largo de nuestro viaje de fe, constantemente estaremos conscientes de la realidad de nuestra mortalidad. Sin embargo, por haber sido hechos a la imagen de Dios, a veces se nos olvida que somos una creación. El orgullo, fácil y sigilosamente, se desliza en nuestro corazón y muchas veces permanece oculto hasta que somos confrontados con algo que somos incapaces de controlar. El orgullo es una palabra fea, pero es utilizado frecuentemente en las escrituras. He aprendido a apreciar el cuidado de Dios hacia mí y a aceptar Sus tratos como algo necesario. Cuando comienzo a descarriarme hacia la independencia, cuando me olvido de que vivo por Su gracia, cuando pienso que soy sabio y me olvido de que Él es mi proveedor – Él es BUENO y envía una señal que sirve como recordatorio: “Mío eres tú”, Isaías 43:1.


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