Testimonio de Heidi...

Womens Conference

Heb. 13:5
No te dejaré, ni te desampararé

Me he sentido sola y rechazada la mayor parte de mi vida. Todo comenzó cuando yo tenía unos seis años y mi mamá engañó a mi papá con un joven adolescente. Ella terminó abandonándonos para irse a vivir con él a Tennessee. Mi papá se volvió a casar inmediatamente, y yo estreché lazos fuertes con mi madrastra. Cuando yo tenía 10 años, llegué a casa un día de la escuela para encontrar que ella se había ido. Se fue sin siquiera decir "adiós".

De modo que mi papá se volvió a casar por tercera vez. La mujer con la cual se casó era muy odiosa, por lo que pedí que me dejaran irme a vivir con mi mamá. Estuve feliz por un tiempo, pero entonces mi mamá tomó un trabajo como guardia de prisiones y comenzó a actuar de manera extraña en el hogar.

Un día, dijo que nos estaríamos mudando a Nashville, porque estaba abandonando a su esposo. Nos mudamos a un remolque muy pequeño con una pareja y sus dos hijos que tenían más o menos mi edad. Los muchachos fumaban, bebían y usaban drogas. Por supuesto, me ofrecieron todas esas cosas, pero yo dije que "no". En lugar de presionarme, comenzaron a protegerme. Si sus amigos me ofrecían esas cosas, ellos decían "No, ella es una buena chica y vamos a mantenerla de esa manera". Constantemente le preguntaba a mamá quienes eran estas personas y por qué vivíamos con ellos. Finalmente me dijo, después de unas cuantas semanas, que tenía un nuevo novio y que estas personas eran sus familiares. El verdadero choque vino cuando ella me dijo que él estaba preso por asesinato. Bueno, para hacer una historia larga corta - él escapó de la prisión y ella me dejó allí con la familia de él mientras ella y su nuevo novio escapaban.

No tuve otra alternativa que volver a mudarme a Ohio con mi papá y "la madrastra malvada". Para entonces, ya tenía 15 años y después de todo lo que había pasado, estaba bastante afectada. Estaba deprimida, ansiosa y nerviosa. Necesitaba amor, pero vivía en una casa llena de odio. Finalmente, reventé y me tomé una sobredosis de píldoras, tratando de quitarme la vida. Mi hermanastra me encontró y buscó ayuda. Cuando estaba en la unidad de cuidado intensivo, lo primero que escuché decir a mi papá fue: "Puedo matarla por hacer esto". Miré a la enfermera y le dije, "simplemente déjenme morir". Quedé inconsciente otra vez. Cuando desperté, encontré a mi tía sentada a mi lado y ella me dijo que me amaba. No podía creerlo y le dije que dejara de mentirme.

Una trabajadora social comenzó a visitarme - fue enviada por Dios. Ella comenzó a llevarme a la iglesia y me mostró el amor que yo anhelaba tan desesperadamente. Después de eso, decidí vivir mirando al futuro. Soñaba con ser esposa y madre y finalmente tener un hogar feliz. A los 18 años me casé y a los 19 tuve mi preciosa niña.

Mis sueños se hicieron realidad. Pasaron los años y tuve dos hijos más. Pero todavía vivía con el miedo de ser rechazada otra vez. Después de 13 años de matrimonio, mis temores se estaban convirtiendo en realidad. Comencé a sentirme muy sola y a sentir falta de amor por parte de mi esposo. Caí en depresión y ya no me importaba nada. Cuidaba de los niños y la casa como un robot - como en un sopor. Asistía a la iglesia, pero no sentía nada.

Luego, una noche durante la convención, hubo una llamado al altar. Fui al frente y restauré mi relación con Dios. Después de esto, Él comenzó a preparar mi corazón para algo terrible que ocurriría un año más tarde. Fue entonces que descubrí que mi esposo estaba teniendo una relación con la mejor amiga de mi hija - la cual acababa de cumplir los 15 años. En ese momento, todos mis temores me cayeron encima como una tonelada de ladrillos. Una vez más, estaba abandonada, rechazada, engañada y sola. Pero esta vez tenía a Dios de mi parte. Él me recordó todos aquellos que me amaban y que estuvieron ahí para ayudarme. Dios me envolvió a mí y a mis hijos en Sus brazos y nos cargó durante la tormenta. A través de todo el dolor y la angustia, me di cuenta de algo: nunca estoy sola - Dios siempre ha estado ahí conmigo. Él me sostuvo aquella noche que mi mamá me abandonó con un asesino convicto y me dejó con extraños. Él estuvo ahí cuando yo era una adolescente hambrienta de amor y evitó que tratara de buscar amor con las personas equivocadas. Él no dejó que me entregara a las drogas y el alcohol para suavizar mi dolor. Y aún más, Él salvó mi vida después de yo tratar de quitármela. Él estuvo ahí todo el tiempo esperándome con Sus brazos bien abiertos.

Aunque es verdad que he sido herida por las personas, Dios me ha ayudado a perdonarlas. Él también me enseñó que a veces Él nos quita algo para poder darnos algo mucho mejor. Mi algo mejor es mi nuevo esposo y otro hermoso bebé. La vida puede ser dura, pero si colocamos nuestra confianza en Dios, nunca estaremos solos.

Otros Testimonios: