El Testimonio de Una Adolescente (Elaine)...

image here Vivo en la isla de Puerto Rico y asisto a la Iglesia Nuevo Testamento en Manatí. Estoy compartiendo mi testimonio con el deseo de tocar muchas madres e hijos que han tenido que luchar solos ante la lucha diaria por sobrevivir y de día a día están buscando contestaciones.

Tengo 17 años y, junto a mis tres hermanas, nací en una familia pastoral. Cuando tenña dos años de edad, mi padre, quien había estado pastoreando por muchos años y siempre nos había dado el más alto ejemplo de integridad, decidió abandonarnos para comenzar una nueva vida y una nueva familia. Nos encontramos solas y desesperadas. Por causa de esto, crecí siendo testigo del sufrimiento que se siente en un hogar cuando es destruido por el enemigo, aunque tratamos de esconderlo.

Mi mamá hizo todo lo que pudo para tratar de mantener el hogar: económicamente y emocionalmente - aun cuando involviera mucho sacrificio de parte suya. Yo podía notar que ella tenía una relación con Dios que era real y para mí era un ejemplo de fortaleza, determinación, lealtad y amor incondicional. Pasamos por muchas situaciones difíciles: enfermedades, necesidades físicas, tener que dormir sobre el piso, hasta el punto de tener que esperar por un milagra cada vez que teníamos que comer porque no había nada en la casa para comer. Con todo esto, mi mamá nunca perdió su fe en Dios y ella siempre nos habló a nosotras acerca de Él. Ella nos crió dependiendo de Su Palabra y crecimos creyendo que si clamábamos a Él, Él siempre nos contestaría como un Padre que nunca nos abandonaría.

Una niñez sin un padre es muy triste, según yo observaba a otros niños asistiendo a los eventos escolares, días de fiesta y otra actividades especiales con sus papás. Mi mamá siempre se encontraba sola --- como también nosotras. La peor parte fue llegar a ser adolescente - todo el resentimiento que había acumulado en mi corazón durante años comenzó a salir. Pasé por la prueba más grande de mi vida -- pero entonces Dios me mostró que Él me amaba y entonces pude perdonar a mi padre.

Dios me mostró una mesa con cuatro patas; si uno remueve una de esas patas, sabemos que la mesa se va a tambalear y será inestable. Dios habló a mi corazón que yo era esa mesa y que el sentimiento de vacío que causaba la inestabilidad en mi vida por causa de la partida de mi padre podía ser llenado con Su presencia. Dios haría que mi vida estuviera segura y sólida - dándome seguridad en Su amor. Él sería esa cuarta pata de la mesa. Cuando yo estaba pasando por este tiempo difícil en mi vida, las palabras no pueden expresar cómo la presencia de Dios me ayudó a seguir adelante. Él era mi única seguridad y la única persona en Quien podía confiar.

Tomé refugio en el amor de Dios y acepté a Cristo como mi Salvador personal en un campamento de jóvenes - también recibí el bautismo del Espíritu Santo y esto ha cambiado mi vida.

Dios se me ha mostrado como un Padre. Me gustaría animar a aquellas mamás que están sufriendo en un hogar dividido, con hijos que no cooperan con ellas - no pierdan la esperanza. Pongan su confianza en Dios y entreguen a sus hijos en Sus manos. Confén en Su amor - Él es un verdadero Padre y nunca les fallará.

Varios adolescentes más se pusieron de pie y dieron sus testimonios. Hablaron con una fe como de niños, hablando de los días en que no había comida en la casa, o las noches en que durmieron sobre el piso. Un jovencito nos habló de cómo había orado por comida la noche anterior porque tenía que ir en una gira escolar el día siguiente y no tenía nada que colocar en su caja de almuerzo. Temprano la siguiente mañana, una persona de la iglesia llegó a la puerta con varios bolsos de comestibles. ¡El adolescente se sonrió cuando se dio cuenta que su marca favorita de mantequilla de maní y su dulce de chocolate favorito estaban incluidos en los comestibles! Resplandeció cuando hablaba de un Padre que siempre tenía cuidado de él y de su mamá.

No había ojos sin lágrimas en el salón según estos adolescentes daban testimonio del cuidado de Dios por ellos y su profundo amor y respeto por la fe de sus madres que habían sostenido sus familias. Todo el tiempo, las madres se habín sentido desesperadas, solas e inadecuadas en la labor de sostener sus hogares. Pero Dios había estado ahí todo el tiempo. Los hijos habían observado lo que ellas habían hecho y habían aprendido, de primera mano, el amor y cuidado de Dios por ellos.

Todos aquellos adolescentes terminaron sus testimonios agradeciendo a sus mamás y declarándoles cuánto les amaban. Una adolescente miró a su mamá con lágrimas en los ojos y dijo: "Mamá, ¡tú eres mi Super Héroe!"

“Esta ha hecho lo que podía”.

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